• 2020-10-20
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Virtualidad: sin prisas

¿Es posible desarrollar un proyecto académico humanista por medios electrónicos? Lo interesante sería poner las nuevas tecnologías al servicio del Externado, y no al Externado al servicio de ellas.

Por: Néstor Osuna.
Profesor ordinario de la Universidad Externado de Colombia.

El confinamiento obligatorio que se decretó en medio mundo para disminuir los contagios de Covid-19 trajo como consecuencia que, de un día para otro, la educación universitaria tuviera que trasladarse a las clases a distancia, a los seminarios en línea, a las prácticas y exámenes en aplicaciones de software y, en general, a la vida académica sin contacto entre sus protagonistas y sin el entorno maravilloso del campus universitario.

El Externado no ha sido ajeno a todo eso, y como medida de emergencia tuvo que migrar a las volandas a “Zoom”, plataforma a la que hay que agradecerle que hayamos podido culminar el semestre académico en medio de estas circunstancias tan adversas. Tengo la percepción de que los estudiantes y profesores hemos hecho nuestro mejor esfuerzo para superar este reto inédito y así seguir adelante con nuestros planes universitarios.

Pero de ahí a proponer, sin más, que dado que la pandemia nos obligó a familiarizarnos con unas plataformas de internet y que el resultado no ha sido desastroso, entonces ha llegado la hora de implantar la educación virtual como modelo permanente de enseñanza, y además, que esa decisión le corresponde a la administración universitaria sin previa deliberación y acuerdos con la comunidad académica, hay un largo trecho erizado de riesgos que no se debe recorrer sin suficiente reflexión y sin el consentimiento informado de esa misma comunidad. Lo que está en juego no es la capacidad de los profesores para familiarizarse con unos programas de computador –como lo creen los propagandistas de la virtualidad–, sino la posibilidad de lastimar lo que define al Externado: una educación humanista en ciencias sociales con rigor científico, comprometida con la libertad, crítica, sin dogmas y volcada hacia los problemas de la sociedad colombiana.

Néstor Osuna, profesor ordinario de la Universidad Externado de Colombia.

En ese orden de ideas, antes de lanzarse a ofrecer programas virtuales, la primera tarea sería determinar si la educación a distancia por mecanismos electrónicos es un medio idóneo para la realización de esos principios del Externado, porque a primera vista pareciera que una educación sin contacto físico entre los estudiantes, es decir, sin la vida efervescente de las aulas, los pasillos y los cafés universitarios, y sin las discusiones que surgen de modo espontáneo en ese hábitat natural que es el campus, se asemeja más bien a un proceso solitario y acrítico de acopio de información que a una educación universitaria humanista.

Es importante recordar que en las Universidades que gozan de prestigio, los conocimientos, más que adquirirse, se crean. Ni qué decir de la formación ciudadana de unos estudiantes que apenas se verían con otros y a cambio pasarían aún mas horas de soledad ante sus pantallas conectados a internet. También habría que servirse de los datos ya existentes sobre la deficitaria calidad académica de buena parte de los programas de educación virtual que se ofrecen en varios países del mundo, entre ellos Colombia.

Si después de esas reflexiones se sigue adelante con el plan de virtualización, entonces cabría elegir cuáles de las herramientas informáticas que se ofrecen en el mercado son las adecuadas para que la Universidad se sirva de ellas, no vaya a ser que terminemos sacrificando lo que hemos sido por adaptarnos a una máquina, es decir, reduciendo la Universidad a lo que esos programas de internet permitan hacer.

Es obvio que esos programas son novedosos, pero no nos engañemos: tienen limitaciones importantes y no son ninguna panacea. En buena parte, mediante ellos se puede hacer lo mismo que se logra, sin tantas pretensiones, con una combinación de correo electrónico y mensajes de sonido o de imagen como los que ya se han vuelto comunes en las redes sociales. Se suele ofrecer como ventaja de las aplicaciones tipo Moodle o Zoom que ofrecen la posibilidad de un control casi total de la actividad que en ellas se despliega, lo cual más bien entraña un peligro cierto y grave para la libertad de cátedra y para otros derechos y libertades de estudiantes y profesores. Todo ello hay que advertirlo antes de zarpar.

Así que mejor vayamos sin prisas por ese camino de la virtualidad. El discurso autocomplaciente del Centro de Educación Virtual de la Universidad, con sus documentos de bonitos colores pero mal redactados y con sus trámites burocráticos casi kafkianos, no va a convencer a la masa crítica del Externado de aceptar, así porque sí, que ya está decidido que el futuro de la Universidad es virtual, que unas personas sin mayor experiencia en docencia saben más del oficio de formar profesionales que los profesores que se han dedicado a ello por años, y que el manejo de la jerga enrevesada de los pedagogos y los técnicos en informática le agrega valor a la vida universitaria, vida que muchos no concebimos sin la existencia de una comunidad humana viva, presente, deliberante, crítica y soñadora.

2 opiniones en “Virtualidad: sin prisas

  1. Aunque no pertenezco a esa ilustre casa de estudios, creo que las reflexiones del dr Osuna son centrales en el momento por el cual atraviesa la educación como proceso formativo y de vida.

    Si bien las nuevas tecnologías pueden plantear ventajas prácticas, no debemos olvidar que solo son herramientas para ayudarnos en nuestra actividad diaria, en este caso la educativa, pero el contenido y la generación de conocimiento proviene de ese intercambio de ideas y opiniones (independientemente del medio que utilicemos) que se generan en la “comunidad académica viva”. La plataforma no es zoom, son los estudiantes y profesores que hacen academia, por ello el reto es no perder sino fortalecer esa esencia de la comunidad educativa y universitaria.

  2. Si bien concuerdo con el profesor Osuna, sobre los riesgos de apresurarse a una total virtualidad, tampoco se puede desconocer que la tecnología ofrece importantes y eficaces herramientas para potenciar la educación. Basta con revisar la interminable bibliografía sobre flipped learning y la rica mina de herramientas y aplicaciones que permiten en un plano de “virtualidad” estimular no sólo el pensamiento crítico y la creatividad, sino también la construcción colaborativa del conocimiento. Va siendo hora de que nos preparemos los docentes, no para reemplazar completamente el espacio físico por el espacio virtual, pero sí para adentrarnos a un nuevo tipo de enseñanza que se apoye fuertemente en nuevas metodologías de aprendizaje apoyadas en la tecnología, en donde el profesor también es un curador de contenidos y un orientador en el proceso de los estudiantes.

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