• 2020-09-23
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Por la recuperación

Al final de su período como miembro del Consejo Directivo del Externado, el profesor Saúl Sotomonte dejó el pasado 19 de junio esta constancia histórica que la Universidad debe tener en cuenta a la hora de enderezar su destino. Por su importancia, EL RADICAL la publica en su integridad.

Los últimos acontecimientos de que dan noticia las redes sociales y el hecho de que la comunidad no se pueda enterar de lo que acontece en las reuniones del Consejo Directivo, dada “la ley del silencio” allí aprobada, y además porque cuando se da a conocer alguna decisión, casi siempre se dice “que fue aprobada”, sin especificar con qué mayorías; me veo obligado en mi condición de miembro disidente en lo fundamental, a dejar constancia de manera resumida de cómo ha sido el manejo de la Universidad durante los últimos ocho años, período durante el cual he luchado por su institucionalización bajo los parámetros de la democratización y de la transparencia sin mayores resultados, ya que éstos se quedan tan sólo en enunciados teóricos en supuestos reportajes o en intervenciones en los auditorios.

La situación que atraviesa nuestra institución no es algo que se pueda explicar tan sólo con las grandes cifras que nos presenta la administración, las que no son más que una foto consolidada del problema. Su verdadero origen lo debemos buscar en el esquema de gobierno implantado, en cuya gestión ha pesado más la figuración personal que la independencia institucional. Se ha caracterizado por la falta de coherencia, y lo que es peor, por la ausencia de controles, al menos conocidos por el consejo, ya que parecería que éste no hace parte del gobierno de la universidad. Se tiene una idea tan sólo teórica de la democracia y de la transparencia sin plena aplicación tal como en varias ocasiones lo hemos denunciado, teniendo como respuesta un estratégico silencio o la agresión verbal, y para rematar desde un comienzo se fue consolidando de hecho en cabeza de una persona el control administrativo, académico y patrimonial de la organización sin legitimidad ni capacidad alguna, hasta el punto de delegar el poder rectoral, contraviniendo las más elementales normas sobre el manejo de esta clase de entes jurídicos, constituyendo un verdadero abuso de poder. Lo que explica por qué durante estos ocho años no se ha querido trabajar sobre temas fundamentales como la ansiada reforma de estatutos, sobre lo atinente a los controles necesarios y al manual de funciones y menos en lo concerniente al Estatuto Profesoral, entre otros asuntos. Cuestiones que desde un comienzo hemos reclamado y que se pretenden resolver ahora de manera improvisada en el poco tiempo que le queda al rector en el cargo, según lo insinúan. Es decir, en término inferior a un año. Todo indica que no ha habido la voluntad o la capacidad para cambiar o que la intención es otra, como parecerían indicarlo los movimientos nebulosos que se observan en la actual administración.

El marco democrático de cualquier institución no radica en reunirse con los más allegados o con los decanos y directores de departamento quienes son sus dependientes y solamente autoridades académicas, sino se encuentra en el actuar de la comunidad estudiantil y de profesores representados en el Consejo Directivo verdadero y único gobierno institucional, al que se le debe tener en cuenta para las grandes decisiones y no tan sólo para aquello que sea estrictamente necesario, o para blindar las cosas con aparente legalidad.

Una muestra más de la actitud antidemocrática ha sido el rechazo sin fundamento legal o estatutario alguno a que el profesor Andrés Gonzales regrese como miembro principal a las reuniones del Consejo Directivo. ¿Cuál es la verdadera razón? ¿Será que una actitud independiente de su parte en las votaciones en este organismo puede terminar afectando los planes para un futuro control? Para consolidar el atropello se busca que el mismo Consejo Directivo se pronuncie sobre la situación sin competencia alguna, y lo que es peor, que, con base en concepto rendido por un profesor dependiente del Rector, se consolide semejante atropello. Por fortuna en la anterior reunión del Consejo que contó con la asistencia del profesor Andrés González, quien se presentó para cumplir con su deber y a ejercer sus derechos en la misma, junto a él cuatro miembros más del Consejo Directivo dejamos consignado en acta que a él le asistía el pleno derecho a estar allí y que nunca podía estar sometido de manera abusiva a una votación sin competencia alguna. Esta posición fue liderada por los representantes de los estudiantes, quienes con brillantez, conocimiento y sentido común dictaron una verdadera cátedra de derecho y de carácter sobre el particular, lo que me permite expresar mi reconocimiento a los mismos, así como la más calurosa felicitación a la comunidad de estudiantes por tener tan valiosa representación de la cual se deben sentir orgullosos.

El directivo no solamente tiene el deber de lealtad en lo ético y legal para con sus compañeros de trabajo, sino fundamentalmente con la institución, razón por la cual debe avisar sobre cualquier anomalía que en el manejo de la misma se presente. Además, debe exigir transparencia, por lo que corresponde estar atento a pedir a los responsables la entrega espontánea de toda la información requerida sin prerrequisitos, subterfugios, falacias y talanqueras como la ley del silencio aquí aprobada. Esa misma que nos ha impedido el acceso a esta información, tal como sucedió con la negativa en entregarle a los representantes de los estudiantes en una de las reuniones anteriores el cuadro consolidado que explicaba la evolución de la situación financiera de la Universidad. ¿Cómo querían que informaran a sus representados el no haber logrado un descuento mayor en las matrículas? ¿O la actitud negativa que de tiempo atrás ha mantenido el rector para que las sesiones del Consejo Directivo sean grabadas? ¿Por qué y para qué ese capricho? Según él, porque no le gusta.

La desorganización, la falta de liderazgo y la ausencia de un propósito común, ha traído como consecuencia que en lo académico la destacada posición que siempre se ha tenido se esté afectando como lo demuestran los diversos estándares publicados, hasta el punto de no presentarse a las “Pruebas Saber Pro”, o si lo hicieron, ya no figura dentro de los diez primeros lugares, lo que trae como consecuencia que se pierdan oportunidades en materia de empleo.

Los aspectos positivos e importantes que se tienen como es el del destacado cuerpo profesoral y su producción bibliográfica, pasan desapercibidos dada levedad como se lleva la vocería de la universidad, lo que le ha hecho perder credibilidad. Se destaca la nueva construcción cuyo proyecto se heredó de la anterior administración, así como el ingreso a la necesaria sistematización y la permanente actualización de la biblioteca, aspectos en los cuales fue muy cuidadoso el rector Fernando Hinestrosa.

De acuerdo a las cifras que hasta ahora nos dan a conocer, no obstante que hace cerca de dos años yo había solicitado información sobre el particular sin obtener respuesta alguna, hacen que el momento sea de gran preocupación. Situación que se agrava por la falta de coherencia en el manejo de la institución, la pérdida del protagonismo académico de la universidad, más los efectos de la pandemia que aqueja al mundo entero, sin que nadie pueda decir que con ella apareció nuestra crisis, ya que esta se originó de tiempo atrás por las causas ya de todos conocidas.

Es lamentable que la operación como universidad sea deficitaria y que su tranquilidad dependa de un patrimonio manejado por terceros, sin el cual estaría a punto de desaparecer, circunstancia que permite concluir que ha habido una deficiente administración y que si no se dan los cambios requeridos la institución terminará siendo el apéndice de un grupo económico.

Sea esta una oportunidad más para invitar a mis colegas del consejo a tomar conciencia de la responsabilidad que nos incumbe, a no pasar a la historia sin haber enfrentado los problemas y a no dejar a nuestros sucesores un alma mater muy importante por ser accionista de un grupo económico, pero en lo académico viviendo del recuerdo cual aristócrata en decadencia y en cambio mostrándonos como los emergentes por el potencial económico que logró mantener la anterior administración. Razón demás para solicitarles que antes de irnos, entre las varias medidas que se deben adoptar sugiero las siguientes:

  1. Que se haga una reingeniería total de la universidad, empezando por una verdadera auditoría externa e independiente sobre el manejo de la institución, estableciendo la racionalidad de cada uno de los egresos y toda la contratación en los últimos diez años, información que por su propio bien deben dar el rector y la secretaria general.
  2. Que se institucionalice la universidad mediante una reforma estatutaria que responda a las exigencias de la democracia y de la transparencia sin poderes personalizados y sin legitimidad alguna.
  3. Que se suprima la ley del silencio para conocer de las actas y especialmente de las cuentas, lo que no puede estar sometido a la aprobación de los mismos ordenadores del gasto. Así mismo y para evitar el conflicto de intereses, que se prohíba a los directores de departamento y a los decanos ser parte del Consejo Directivo. Que el revisor fiscal y un auditor interno permanente sean designados por el Consejo de Profesores y de Estudiantes y no por los mismos ordenadores del gasto como son los miembros del Consejo Directivo, que a su vez son decanos o directores de departamento. Que los Consejos de Profesores y de Estudiantes nombren un veedor que vigile el manejo de la institución.

Tal como se presentan las cosas en la actualidad, podría decirse que eventualmente las cuentas de la universidad no se han aprobado en debida forma, ya que estas pueden resultar aprobadas por mayorías completadas por decanos o directores de departamento miembros del Consejo Directivo, quienes a su vez en tal condición son ordenadores del gasto y dependientes por lo mismo y en grado especial del rector.

Es el momento de no seguir en la liviandad y de falacia en falacia, y en su lugar hablarle a la comunidad en forma clara y transparente sobre la crisis que estamos atravesando, sin acallar el sentir de sus miembros con presiones o con estímulos. Por lo cual reclamo un debate abierto y público para que a la comunidad externadista se le informe sobre la verdadera situación de la universidad, ya que ésta es una fundación sin ánimo de lucro, la que por su propia naturaleza no tiene propietarios sino beneficiarios, quienes son los estudiantes. Debate en el cual podrían demostrar, sin que lo creamos, si estamos equivocados, y si ello fuere así, lo aceptaríamos también públicamente, todo en bien de la institución. Este no es un debate buscando el poder como han querido presentarlo, sino la lucha por la democracia y la transparencia. Hay que actuar con la verdad y no con cortinas de humo.

Saúl Sotomonte S
Miembro del Consejo Directivo

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