• 2021-07-21
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Palabras hueras

Las propuestas de algunas listas al consejo directivo del Externado fueron un simple cascarón de locuacidad artificial para ocultar su intención de que todo siga como está. En otras listas, por el contrario, brilló el Externado ese que enamora y compromete.

Por: Néstor Osuna.
Profesor ordinario de la Universidad Externado de Colombia.

Concluye la campaña para la renovación del consejo directivo de la Universidad. Una campaña atípica porque se adelantó a distancia y en línea, sin posibilidad alguna de café o tertulia entre los aspirantes y sus eventuales electores, y también atípica por las prevenciones excesivas e innecesarias de los organizadores en los pocos debates que se abrieron, los cuales suscitaron más bostezos que acaloramiento y más resignación que esperanzas. En fin, es lo que ocurre cuando una comunidad académica se desentiende de la deliberación y el debate como ejercicio continuo del quehacer intelectual y prefiere hacerse complaciente con el statu quo.

Algunas listas intentaron ocultar mediante videos vistosos y afiches de diseño colorido su falta de ideas y propuestas atractivas para dirigir la Universidad. No estaría de más que esos cabezas de lista le dieran una lectura al clásico Traje Nuevo del Emperador del genial Christian Andersen. Es un cuento infantil corto. No requiere de gran esfuerzo. En cualquier caso, hay versiones animadas en Youtube, por si a su criterio leer ya hubiera caído en desuso. Otras acudieron a esa palabrería ampulosa e inconsistente tan a la moda, que no concibe un párrafo sin términos como “emprendimiento”, “innovación”, “competencias globales”, “universidad del futuro” (a propósito, colegas de la lista cuatro: el siglo veintiuno ya comenzó hace veinte años, no está por venir), y otros del mismo estilo, entre los que no podían faltar “flexibilidad” y “nueva realidad”, todos los cuales tienen en común dos cosas: no significan nada y son totalmente acríticos. Del mismo cuño son esos eslóganes que llaman a la unidad, pero cuyos miembros no soportan las críticas y que simplemente intentan invisibilizar los problemas de la Universidad con otra supuesta palabra mágica que evade el debate: evitar la polarización.

Néstor Osuna, profesor ordinario de la Universidad Externado de Colombia.

Las listas se ufanaron de tener listo un proyecto de estatuto profesoral, pero se cuidaron de comprometerse con que el salario de los profesores no pierda progresivamente capacidad adquisitiva; se refirieron a las cuantiosas pertenencias de la Universidad en el grupo Bolívar (algunos lo llaman “patrimonio de respaldo”) pero fueron intencionalmente resbalosas para proponer algo concreto que se deba hacer con todo ese dinero; algunos nos dieron clase no pedida sobre inhabilidades e incompatibilidades sin ver la viga en el ojo y otros más prefirieron pontificar sobre sus planes a treinta años cuando se presentan a un cargo apenas bienal. Puras palabras hueras.

Así que los votantes, a muchos de los cuales conozco y no tienen un pelo de tontos, seguramente se habrán fijado más en el talante personal de los candidatos, en su trayectoria y en eso que los viejos llamaban “don de gentes”, así como en la composición heterogénea de las listas. Habrán notado también los contrastes entre la actitud dialogante y propositiva de unos frente a la arrogante y bloqueadora de otros, y evidentemente habrán percibido quiénes se expresan con espontaneidad y quienes tienen instrucción de no salirse de un libreto preconcebido. Probablemente eso va a decidir el voto de todos esos maestros inconformes de nuestro querido Externado, que han mantenido el lustre y el rigor sin estridencias, con evidentes temores ante la deriva de la Universidad, pero sin dejarse amilanar por esa circunstancia.

No puedo dejar de agradecerle a Richard Tovar, mi Profesor de sociología del derecho hace ya casi ocho lustros, pero a quien no le pasan los años, por su discurso, ese sí sustancioso, lúcido y vanguardista, con el que se comprometió en una de las reuniones en línea de los días pasados. Sus ideas sobre el rescate de la Universidad laica, progresista, comprometida con sus estudiantes y con la sociedad y su irreverencia frente a las autoridades eran lo que yo necesitaba escuchar sobre mi Universidad, mi facultad y mi trabajo. No creo haber sido el único que lo apreció. Ojalá le alcancen los votos para ser nuestra voz en el consejo directivo. En todo caso, gracias Prof. Richard por esa nueva lección y por haberme hecho sentir de nuevo en casa.

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