• 2021-09-17
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Nueva (o) decana (o) de Derecho

Para esta importante posición es urgente contar con una persona con ascendencia colectiva en toda la comunidad externadista, no un heredero de Henao, Marta Hinestrosa, Adriana Zapata, ni de nadie. Tiene que ser un profesor independiente.

Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Después de la desastrosa e improvisada gestión de la doctora Adriana Zapata, como primera decana de la Facultad de Derecho, es ya un hecho notorio y urgente que ella debe dejar el cargo que no ha honrado, para que, por fin, llegue a esa dignidad una persona que merezca el respeto y credibilidad, y no que reproduzca las divisiones y enfrentamientos.

El paso de la doctora Zapata por la decanatura no le dejó nada a la Facultad, pues, por el contrario, en vez de unir contribuyó a multiplicar los enfrentamientos. Imposible olvidar que fue ella la autora intelectual y gestora principal del famoso comunicado facturado contra quienes criticábamos a esa administración. No fue ella la única, en honor a la verdad, porque también fueron varios los que se sumaron a esa cruzada de difamación que nunca antes se había visto en los 135 años de vida del Externado.

Para no ir muy lejos, el ampuloso asesor de rectoría, Edgar Cortes, ejerció su cargo con arrogancia y con talante excluyente. Se le subieron los humos a la cabeza. Ahora dizque ha dado a conocer su aspiración para convertirse en el sucesor de Adriana Zapata, siguiendo precisas instrucciones de los clásicos viudos del poder, los mismos que creyeron que el Externado era patrimonio suyo.

Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

¿Tiene Cortés las condiciones personales y académicas, y sobre todo la credibilidad en la facultad, para convertirse en decano? Por su recorrido como asesor del rector, cargo que nunca antes había existido en más de cien años, es evidente que no reúne las condiciones ni es dueño de la serenidad para liderar como decano nuestra facultad. Su actuación como asesor del rector no fue tranquila ni fructífera. Quién tiene responsabilidades de dirección en una universidad no puede ser fuente de conflictos, ni enredarse en dimes y diretes, como lamentablemente le ocurrió a Cortés. Más que haber asesorado al rector de entonces, se convirtió en el verdugo de las malquerencias del quinto piso.

A lo anterior ha de agregarse una consideración no menor que tiene que ver con los supuestos méritos académicos de Cortés, que en modo alguno lo ponen en situación de imprescindible a la hora de elegir un decano que entienda que sus responsabilidades han de ejercerse sin odio y sin perseguir a nadie.

El tema de designar nuevo (a) decano (a) no puede pasar por la necesidad de que quien aspire a esa dignidad busque restablecer los privilegios salariales de los que gozó variadamente en la pasada administración, como es el caso y la aspiración de Edgar Cortés. El tema no es de plata sino de estructuras.

El decano (a) debe ser una persona con ascendencia colectiva en toda la comunidad externadista, no un heredero de Henao, Marta Hinestrosa, Adriana Zapata, ni de nadie. Tiene que ser un profesor independiente, acatado y respetado por sus pares, no uno que haya bebido en las mieles del consentimiento y el proteccionismo de la familia Hinestrosa y que esté aspirando a mejorar su escala salarial.

Adicionalmente, quien sea la nueva (o) decana (o) además del reconocimiento al interior de la Universidad, debe ser un profesional reconocido en la comunidad jurídica. En todas las universidades que cuentan con facultades de Derecho se esmeran por llevar a sus decanaturas a profesionales que ya tienen audiencia en diferentes escenarios. Eso no nos puede resultar imposible a los externadistas. Más que querer, necesitamos un decano (a) cuyo nombre sea respetado entre nosotros, pero que no le resulte extraño al conglomerado jurídico en general. La experiencia de nombrar a alguien en cargos de privilegio en la Universidad, para que desde ese paraninfo intente construir una imagen pública y labrar aspiraciones políticas o burocráticas, ya nos dejó una amarga experiencia de la que esperamos recuperarnos pronto.

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