• 2020-08-07
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Lo que nos tocó ver

Lo que pasa en el Externado por cuenta de las actuaciones del Rector Juan Carlos Henao, aunque verdadero para vergüenza de muchos, no parece verosímil. Ese es el legado de su continuismo ascendente.

Por: Juan Pablo Estrada.
Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

García Márquez alguna vez en una entrevista dijo que nadie podía extrañarse de que Colombia fuera la cuna del realismo mágico, señalando con acierto y con su inconfundible risa caribe, que en Colombia pasaban cosas que, aunque verdaderas, no eran verosímiles. Es la segunda vez que debo hacer referencia a esa cita en esta columna, porque para vergüenza de muchos lo que pasa en el Externado, aunque es verdadero no parece verosímil.

Un rector desesperado por venderse como lo que no es, posa de bacán en entrevistas que todavía no sabemos cuánto nos cuestan – de paso al amparo del derecho de petición pregunto cuál ha sido el valor y quiénes los destinatarios de la inversión en pauta publicitaria del Externado en el periodo 2019 – 2020, no vaya y sea que coincida con sus entrevistadores- ponderando la crítica y destacando la importancia de la oposición, mientras hace llamadas telefónicas y promueve intrigas para vetar a uno de los más respetados constitucionalistas de nuestra facultad, movido por la rabia y su deseo de vindicta.

En efecto, que el profesor y director de El Radical Néstor Osuna no haya estado en la preselección del Consejo de Estado para definir el ternado a la Corte Constitucional y que por encima suyo aparecieran otros externadistas unos con méritos, otros a cuya hoja de vida le faltan un par de hervores y otros más que no tienen con qué, nada tiene que ver con su valía y su impecable trayectoria. Fue un vergonzoso cabildeo de Henao y sus alfiles el responsable de su exclusión. Me dijo alguien del Consejo de Estado “le cobraron su pelea con el rector”. Guardaron silencio que por ahora otorga, tanto los consejeros como Henao sobre la denuncia del profesor emérito Ramiro Bejarano acerca de esa vulgar componenda. No parece verosímil, pero es verdadero.  Y, lo peor, los que celebran la gratitud del rector que los “ayudó” a estar dentro de los veinte no saben que ya le dio el “aval” a otro candidato, pero igual en elecciones les pasará la factura.   

Juan Pablo Estrada, profesor de la Universidad Externado de Colombia.

Todavía menos creíble resulta su respuesta al derecho de petición que le formulamos algunos profesores impecablemente analizada en esta edición de EL RADICAL. La capacidad rectoral para desfigurar la realidad, callar verdades y querer volver realidad mentiras de la mano de su comité de aplausos, supera todos los límites. Basta con señalar que insiste en que rindió cuentas porque en el Consejo Directivo comenta lo que se le viene en gana y consigna luego lo que quiere en las secretas actas. Y muestra como supuesto reflejo de su transparencia el reintegro de Andrés González a su cargo, cuando bien es sabido que no lo quería hacer, tanto que pidió que un subordinado le hiciera un flojo concepto para respaldar su abuso de más de un año y le tocó, por cuenta de la valerosa postura de los representantes de los estudiantes y la presión ejercida con el derecho de petición, echarse para atrás.  Por eso ahora corre con las elecciones, pues las mayorías con las que ha mal manejado el Externado le hacen agua.

Para rematar, en su afán de controlar el Consejo y vaya uno a ver si pagando favores, le está dando espacio en la lista oficialista al señor Luis Ferney Moreno, que tiene un particular sentido de la ética y del conflicto de interés que le permite un día ser el juez de un poderoso empresario y luego, casi de inmediato y sin sonrojarse, aparecer como su asesor. En esas manos quiere dejar nuestro Externado. Por fortuna le haremos un juicioso escrutinio a los candidatos una vez las listas se inscriban. Quién iba a pensar que nos tocaría crear una suerte de Consejo Visible para que el cuerpo profesoral tenga claro por quién le están pidiendo votar. 

Y lo que nos falta por ver. Cositas inverosímiles pero verdaderas. Ese es el legado del continuismo ascendente. 

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