• 2020-10-20
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La fractura

La lucha por simples intereses individuales avergüenza, en cambio sí es por intereses colectivos enaltece.

Por: Saúl Sotomonte.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Nuestra universidad atraviesa una coyuntura muy delicada de cuyo manejo depende en gran medida que la institución vuelva a hacer visible su tradición, valía e importancia para el país. Esta gran tarea quedará en manos del nuevo consejo directivo que resulte elegido en la próxima contienda electoral.

Hablamos de “La Fractura”, porque así no se quiera reconocer, hay quienes piensan más en sus intereses y el de sus protectores, y otros que a toda prueba defendemos a la institución por encima de los intereses particulares. Ni Nicolás Pinzón W. fundador, como tampoco su recuperador después del cierre, Diego Mendoza Perez, pensaron en que ésta pudiera convertirse por sus privilegios en un bien materia de una herencia. Quizá el Maestro Ricardo Hinestroza tampoco pensó así, pero con su valía y reconocimiento lo sucedió en la rectoría su hijo Fernando Hinestroza, quien acompañado de importantes profesores logró con su gestión crecer no solamente su prestigio personal sino en gran medida el de la institución. Desafortunadamente no la dejó institucionalizada y con su desaparición se sintió un vació de poder en el que surgieron los diversos pretendientes del mismo.

El Doctor Henao lo sucedió en el cargo, pero no llegó con un proyecto de universidad, tanto que no presentó iniciativa alguna en ese sentido y tampoco le dio paso a cualquiera de las nuestras. No obstante, al final del período una nueva mayoría en el consejo directivo logró derogar la ley del silencio, dando lugar a que la administración entregará información completa de las cuentas y copia física de las actas del consejo directivo, las que deben ser gravadas, y así mismo se aprobó un proyecto de estatuto de control de la gestión interna.

Saúl Sotomonte, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Dada la liquidez que se tenía, se contrató la construcción del nuevo bloque, se actualizaron los sistemas y otras varias cosas necesarias, pero nunca se trabajó sobre cuál debería ser el paradigma institucional. Además de su figuración personal, el actual rector se ocupó de la paulatina entrega del poder administrativo, académico y patrimonial como si se tratara de un legado.

En el grupo de aspirantes al nuevo consejo directivo, a quienes les deseamos éxitos, se encuentra gente valiosa, de quienes esperamos que en el caso de ser elegidos se dediquen a la defensa de los intereses institucionales.

En el fondo del debate se enfrentan dos bloques de la fractura. Varios de sus integrantes por indiferencia o necesidad ignoran que lo que están defendiendo no es lo legítimo. Desafortunadamente el nuevo consejo directivo nace con problemas que lo debilitan y que esperamos sean superados. De una parte, la claridad en su elección y de otra, el esquema de trabajo que recibe. En lo primero, la Comisión Electoral, para que la elección sea transparente y realmente democrática, exige a los decanos y demás directivos que no intervengan ayudando o vetando nombres, pero sí permite que sean candidatos. Esta es toda una contradicción y un manifiesto acto de ingenuidad. ¿Qué se espera, que digan que no voten por mi y así animen a los electores a votar por los demás? El sólo hecho de ser decanos o directivos les da un poder subliminal sobre los profesores que dependen de sus unidades. ¿Cuáles son las consecuencias de violar la prohibición?

El otro problema radica en el hecho que heredan el sistema actual en donde decanos y directores tienen un nivel de dependencia mayor respecto del rector que un simple profesor. Ganan más, tienen mayor figuración y poder sobre los profesores, circunstancia que les hace perder independencia. Como también son ordenadores del gasto, en el consejo directivo participan en la aprobación de las cuentas, no obstante ser las propias, generándose así un conflicto de intereses que ponen en duda la claridad en su aprobación, especialmente cuando las mayorías se integran con su voto. Práctica que combatí sin éxito alguno. Por tener las dos calidades puedo hablar del tema con alguna autoridad.

Finalmente, con la debida consideración, le pido al nuevo consejo directivo que, buscando la unidad con fundamento en los verdaderos valores como la ética, la transparencia y la democracia trabaje por la recuperación institucional, en cuyo caso y bajo esas líneas estaremos prestos a colaborar en lo que nos corresponda. Superemos la práctica nacional de vivir en la contradicción para poder existir y en su lugar busquemos solucionar de manera legítima y racional la fractura.

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