• 2022-08-13
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El error de vivir de las viejas glorias

No da más espera la modificación estructural del programa de Derecho, pues no es posible pretender que la Facultad conserve su prestigio con base en la tradición.

Por: Carlos Fernando Guerrero.
Graduado de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado de Colombia.

Como lo resaltó el doctor Ramiro Bejarano hace algunos meses en este mismo espacio de construcción, la preocupación por los resultados de la Facultad de Derecho en diferentes ránquines son un síntoma que confirma que las cosas no andan bien. En el día a día, no son pocas las conversaciones sobre el estado de esta Facultad o las discusiones sobre si los egresados actuales son competitivos frente a abogados de otras universidades e, inclusive, en escenarios más exigentes, se debate si los juristas externadistas hoy tienen la importancia que otrora tuvieron para el país y su aporte a la investigación jurídica.

Estas discusiones son totalmente válidas y bienvenidas; son necesarias para construir y mejorar. Aún más, es perfectamente admisible que varios defiendan el statu quo de la Facultad de Derecho controvirtiendo las observaciones o criticando con buenos argumentos los escalafones o resultados universitarios. Lo que realmente me preocupa es la reacción de algunos, que pretenden enervar las críticas a la Universidad simplemente acudiendo al romanticismo del pasado para decir que todo está bien o que lo errado son las mediciones de los rankings o algo ajeno a la institución. Para estas personas, los más de 135 años de la Facultad, que grandes juristas han sido egresados de la Universidad, que la editorial universitaria publica muchos libros jurídicos desde hace muchos años, o que el prestigio ha costado ganarlo, son razones suficientes para decir que nada malo pasa, que lo malo son las críticas, que es mentira que las cosas merezcan cambios importantes.

Carlos Fernando Guerrero, graduado de la Facultad de Derecho de la Universidad Externado de Colombia.

Además de arrogante, es totalmente equivocado pensar que si algo fue bueno siempre lo será. Creer que una vez ganado el prestigio éste será eterno, es irreal. Ya es hora de que el programa de Derecho de nuestro Externado deje de vivir de las viejas glorias y como comunidad de estudiantes, académicos, egresados y profesionales de esta carrera aceptemos que muchas cosas que antes funcionaban hoy ya no sirven, y que la calidad de la Facultad solo será constante si hay cambios estructurales y adaptaciones a las exigencias del mundo real y velozmente cambiante. Debemos reconocer que muchas facultades de Derecho de nuestro país vienen haciendo bien su trabajo, graduando profesionales muy competitivos y muchas veces con mejores habilidades que los abogados externadistas.

Hay que admitir que un programa de Derecho, que es esencialmente el mismo desde hace varias décadas, no puede ser el que necesita el mundo contemporáneo, que la metodología de enseñanza mayormente usada por los docentes en la Universidad ya está llamada a la jubilación, que la verdadera investigación jurídica no requiere un sinnúmero de programas de posgrado, departamentos y textos sino la debida selección de temas, la atención de prioridades sociales reales y, por supuesto, ajustes necesarios para que los resultados sean valorados y competitivos universalmente. Entre otros, es forzoso, ante una planta tal voluminosa, que no solo unos pocos grupos de investigación tengan el máximo reconocimiento de Colciencias.

Ojalá todo esto lo considere quien llegue a ocupar la decanatura de la Facultad de Derecho. Ruego que no sea alguien con temor a los cambios, con miedo a enfrentarse a quienes por conveniencia van a oponerse a la modificación del statu quo, o con más ganas de mantener “buenas relaciones” en los corredores de la Universidad que en hacer los ajustes apropiados.

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