• 2020-09-20
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El álbum fotográfico del rector

En el ocaso de su mandato, el rector del Externado presenta un informe cargado de ilustraciones, pero con datos puramente rutinarios y varias inconsistencias: un inventario sin rendición de cuentas.

Cuando a EL RADICAL llegó la noticia de que el rector del Externado por fin había presentado un informe de gestión hubo una sensación inicial de complacencia porque las ideas que aquí se han manifestado desde un principio, y que, como se sabe, han suscitado malestar entre los administradores de la Universidad y su comité de aplausos, estaban sin embargo siendo escuchadas y puestas en práctica. Las dimensiones del abultado documento sugerían que se trataba del trabajo detallado y analítico que merecía recibir la comunidad universitaria. Lamentablemente su lectura permite constatar que se trata de una nueva oportunidad perdida y que, como suele ocurrir con esta administración, se sigue decepcionando a la comunidad del Externado.

Ciertamente, en repetidas ocasiones desde las páginas de EL RADICAL se ha dado voz al clamor del Externado por la falta de transparencia en la gestión de la Universidad y la opacidad de las prácticas administrativas de la rectoría y la secretaría general. Ha sido recurrente la solicitud al rector para que rinda cuentas sobre su desempeño y sobre la situación de la Universidad, tanto en lo académico como en lo administrativo y lo financiero. Ahora, al final de su encargo, cuando ya poco o nada se puede corregir, ha decidido presentar ese informe del que hay que reconocer que está bellamente editado, y que contiene ante todo fotografías espléndidas del Externado, de sus jardines, sus edificios, sus gentes que aparecen siempre amables y sonrientes, y que se adorna también con panorámicas de Bogotá, mapas de los cinco continentes y hasta de algún edificio parisino.

Sin embargo, a lo largo de sus 244 páginas, el documento no contiene la rendición de cuentas que el rector sigue estando obligado a presentar y que la comunidad académica sigue esperando. En la edición anterior de este periódico se enumeraron doce aspectos mínimos que debe tener una rendición de cuentas, pero el álbum de fotografías que ahora presenta el rector apenas responde a una de ellas. Para tener presente de qué se trata, aquí van de nuevo esos requisitos básicos de una verdadera rendición de cuentas, que se siguen echando de menos:

  1. Identificación de los periodos a que se refiere la rendición, con indicación comparativa del incremento o detrimento patrimonial.
  2. Relación detallada de fuentes y usos financieros por cada periodo, con indicación del origen de los recursos y destino de aquellos.
  3. Identificación de los ingresos y egresos comparativos por cada periodo, con indicación de su origen operativo o no, para determinar el excedente o déficit de la gestión propia de la entidad universitaria.
  4. Identificación de los egresos de mayor representación, por periodo, junto con su análisis comparativo.
  5. Relación detallada de los salarios, honorarios y bonificaciones, reconocidos a todos los directivos en los periodos objeto de análisis, incluidos viáticos y gastos de representación.
  6. Relación detallada de honorarios y comisiones pagados a asesores y contratistas en los periodos objeto de análisis.
  7. Relación de los activos operativos y no operativos, con indicación de su valoración, comparado entre los periodos objeto de revisión.
  8. Relación comparativa de los gastos de personal y porcentaje de variación anual, con indicación del número de vinculados por periodo.
  9. Relación de inversiones, gastos y honorarios relativos a la adquisición o mantenimiento de software, hardware, o de cualquier otro sistema de operativo o computacional.
  10. Descripción por periodo de los recursos destinados a investigación, formación docente, auxilios a profesores y estudiantes por cualquier concepto, debidamente identificados.
  11. Proyección financiera de la Universidad para los dos periodos subsiguientes a los de la rendición.

En honor a la verdad, es cierto que el informe rectoral da cuenta de uno, sólo uno, pero al menos uno, de los factores que debe tener una rendición de cuentas. Se trata del número de estudiantes de pregrado y posgrado por periodo, con indicación del índice de retención particular. Al respecto cabe apreciar que el número total de estudiantes se ha mantenido en cifras semejantes durante estos años: en el año 2012 había 11.219 estudiantes y en el 2020, según se lee en el informe, están matriculados 12.750 estudiantes. No aparece en ningún año la cifra de 15.000 estudiantes de la que en numerosos discursos se ufanó el Doctor Henao y que ahora se ve que sólo existía en su imaginación. Ahora bien, en cuanto a los índices de retención y deserción, la verdad es que los datos que se anotan en el informe son preocupantes: el consolidado en estos años indica que el Externado tiene una deserción estudiantil constante superior al 41 por ciento de los matriculados, proporción que se ha mantenido por más de quince años y a la que se acompaña de una proyección, elaborada vaya uno a saber mediante qué malabarismo matemático, según la cual entre los estudiantes actuales de la Universidad, esa deserción va a disminuir al 33 por ciento. Cuatro de cada diez estudiantes que se matriculan en la Universidad no terminan su proyecto académico. El informe no menciona ningún estudio sobre causas de ese índice: simplemente menciona el dato consolidado y la optimista proyección.

Podrá decirse, y no sin razón, que una cosa es una rendición de cuentas y otra un informe de gestión, y que el documento presentado por el Rector se titula “Informe de gestión 2012-2020” y no rendición de cuentas. Admitamos entonces que la rendición de cuentas sigue ausente y que estamos ante otro tipo de informe. Pero el documento presentado tampoco contiene un informe de gestión, pues se trata de un simple inventario con información de rutina, elaborado por las distintas dependencias administrativas de la Universidad, carente de cualquier tipo de discernimiento o análisis. Van los siguientes ejemplos de datos que aparecen en el documento: número de estudiantes que han solicitado citas para ser atendidos por los servicios psicológicos de la Universidad, número de menciones que la Universidad ha tenido en los medios de comunicación, número de millones de pesos que los distintos bancos le han prestado a los estudiantes para que paguen sus matrículas, número de personas que se subieron a los buses de la Universidad, número de pupitres, número de seguidores de las cuentas de instagram, twitter y facebook del Externado, y así otros muchos por el estilo. ¿Qué tiene que ver todo eso con un informe de gestión rectoral?

Algunos datos llaman la atención. Por ejemplo, el siguiente que aparece de modo muy discreto, en la página 173 del informe, despues de mencionar que en la sede del Alcazar se adaptó un kiosko con servicio de baños y duchas: “Para su proyección futura, en 2014 la Universidad adquirió un lote cerca del aeropuerto de Guaymaral, conformado por dos predios que suman casi 350.000 m2”. ¿Cómo así, la Universidad compró un extenso lote en la reserva ecológica Van der Hammen, en la que existen importantes restricciones para la construcción y el desarrollo de actividades de tipo universitario? ¿A quién se lo compró y cuánto pagó por ello? ¿Qué consideraciones se tuvieron para comprar un lote para la “proyección futura” de la Universidad, al lado de un aeropuerto? ¿Se tuvo en cuenta que el desplazamiento entre la sede actual de la Universidad y ese lote puede tomar unos 90 minutos en automóvil particular, por cada trayecto, y bastante más si se acude al transporte público? Toda esa información es la que se sigue echando de menos, información que, además, debió ser objeto de debate antes de la compra, y no cuando ya se trata de un hecho cumplido.

En fin, un primer balance de la información contenida en el informe confirma la sensación de estancamiento que varias veces ha sido advertida por la comunidad universitaria: el Externado del 2020 es en verdad el mismo de hace 10 o 15 años, con apenas los reajustes obvios por el transcurso del tiempo y el crecimiento de la sociedad. Su impacto en la vida nacional es semejante al que se tenía desde entonces y los asuntos pendientes que ya entonces se conocían siguen estando ahí. La fuerza de la inercia y el impulso enorme de los años anteriores le ha permitido sostenerse académicamente sin grandes alteraciones. Buena parte de la información que se presenta como logros de gestión en bienestar estudiantil y laboral no es más que el cumplimiento de los requisitos legales de las entidades acreditadas.

En cuanto al patrimonio de la Universidad, la primera conclusión evidente a partir de los datos consignados en el informe es la falta de sustento de la política de austeridad draconiana a la que el rector sometió al cuerpo profesoral durante toda su gestión. Las cifras de la Universidad no se compadecen con la estrechez obsesiva que mantuvo para la financiación de proyectos de investigación ni para la falta de reajuste de las tarifas remuneración de las clases de posgrado durante más de dos años.

El informe sostiene que los activos se incrementaron en un 165 por ciento y el patrimonio de la universidad en un 175 por ciento en los últimos ocho años. En las páginas 212 a 215 del informe se desagrega parcialmente esta información. ¿Qué movimientos contables registran esas operaciones? ¿Cómo se reflejan en los estados financieros? ¿Hay notas en los estados financieros que den cuenta de las operaciones, sus efectos tributarios, el origen de los recursos que justifiquen tal incremento? Nada de eso se aclara en el informe.

Por otra parte, el pretendido incremento de los activos no se ofrece halagüeño ni consistente, en un período en el que supuestamente el número de estudiantes se ha mantenido más o menos igual y las matrículas se han reajustado apenas en el índice de inflación. ¿Se trata entonces de una cifra que refleja más el efecto de la inflación que la consolidación de bienes y activos por parte de la Universidad?

¿Cuál o cuáles son los bienes o activos que en los últimos ocho años elevaron el patrimonio en esos porcentajes? ¿Serán, acaso, los bloques H e I, que ya estaban financiados y en construcción desde la anterior rectoría? El informe se cuida de ser amplio y poco preciso en esta afirmación que, por tanto, deviene ligera y poco creíble.

El informe omite, al presentar los egresos y egresos de la Universidad, toda alusión al balance publicado por la DIAN y exigido para todas las entidades sin ánimo de lucro, que muestra un déficit operativo creciente desde hace tres años y cuyo monto supera los diez mil millones de pesos. Nada se analiza al respecto, ni sobre lo forma cómo se atenderá o se superará dicho déficit. ¿Una es la información para el album fotográfico y otra la que se remite a la DIAN?

A todo esto, se agrega el hecho preocupante de que, según se advierte en la página 216 del informe, más del 95 por ciento de los ingresos de la Universidad provienen de la matrícula de los estudiantes. Ello implica, entonces, que la Universidad en el período del rector Henao no ha creado o propiciado fuentes diferentes de sus ingresos, y que sigue peligrosamente atada a las vetustas financiaciones. Eso contrasta con el propósito conocido de la Universidad de hacerse a la propiedad de un buen número de acciones en el Grupo Bolívar, adicional al que ya detenta, por una suma muy significativa. Es decir, a la Universidad no le preocupa crecer en ingresos, pero sí le presta atención a multiplicar su aporte accionario en un grupo financiero, respecto del cual convendría, en una auditoría independiente y franca, establecer la correlación que existe entre los estados financieros de los años en los que el Externado se hizo a la propiedad accionaria de casi la tercera parte del Grupo Bolívar, con el número y valor de las acciones adquiridas aún antes de que Henao asumiera sus funciones como rector.

Esa misma noticia de que el 95 por ciento de los ingresos anuales del Externado provienen del pago de las matrículas de los estudiantes también es preocupante, cuando en el mismo informe se aprecia que hoy se vende más o menos el mismo número de libros editados por la Universidad, comparado con los que se vendían hace diez años. La ecuación así planteada sugiere prima facie, entonces, que la empresa editorial de la que vive tan ufano el Rector Henao no ha ganado la importancia y reconocimiento nacional, si aún hoy, después de tantos esfuerzos y de las ladrilludas investigaciones de “Habla el Externado”, los libros con el sello de la Universidad no alcanzan ningún volumen importante en sus ingresos.

Otro tanto puede avizorarse en relación con la cifra que el informe reseña como la que recibe el Externado por consultorías e investigaciones, deplorablemente insignificante. La Universidad no ha encontrado audiencia en el solicitado mundo de las consultorías universitarias y académicas, ni en el de las investigaciones, a pesar de que todo indica (aunque en el informe no se da cuenta detallada de eso) que se pagan jugosos honorarios y remuneraciones a supuestos investigadores que nada aportan a la credibilidad de la Universidad.

De otro lado, en el informe, del que ya se ha dicho que no tiene el rigor de una rendición de cuentas, se menciona (página 220) que el 89 por ciento de los gastos de la Universidad corresponden al pago de nómina, y que el Externado cuenta con 1.884 docentes, de los cuales 1.298 lo son por contrato de trabajo y 586 por contrato de honorarios. Una rendición de cuentas debe contener, como antes se precisó, un relato minucioso de los ingresos y egresos, y no generalidades como se ha hecho ahora en este informe de gestión. Solo así se verá con claridad si se está haciendo o no buen uso de los recursos.

Así, por ejemplo, no hay una descripción detallada de tales egresos y si todos corresponden a profesores, o si hay también pagos a conductores privados o a funcionarios del nivel administrativo u operativo que están al servicio de personas no vinculadas con la Universidad, o contrataciones extrañas de entidades encargadas de realizar trabajos de inteligencia.

Al respecto, conviene recordar que, en 2018, a un derecho de petición formulado por el estudiante Juan Simón Vásquez (entonces miembro del Consejo Directivo de la Universidad) a la secretaria general, en el que se pedía información sobre la contratación a instancias de un profesor de una empresa de inteligencia, la poderosa funcionaria declinó responder alegando que el pedimento era irrespetuoso y, además, que ello sería materia de una auditoria que estaba por realizarse. Tan grave sospecha que compromete a un docente que hoy es rabioso partidario de la administración y su candidato a integrar el Consejo Directivo, sigue sin resolverse, porque no ha habido auditoria, ni el tan cacareado informe de gestión se preocupó de hacer la claridad que tiene que ver no solo con las garantías de autonomía universitaria, sino con la transparencia de la administración.

Se echan de menos muchas otras cosas en el informe de gestión, por ejemplo, los criterios para conceder becas o estancias en el exterior, o explicaciones de por qué en el pasado se premió a personas que habían sido reprobadas en sus cursos de pregrado enviándolas por años a doctorarse en el exterior, o por qué se autorizan estancias de docentes jubilados y retirados de la Universidad también en el exterior.

En fin, el pomposo informe de gestión es más parecido a un balance de una revista de farándula, y no un documento serio, consistente y fundado en hechos comprobables. Viene a ser más un catálogo de vanidades y un documento distractor con el que el Rector Henao pretende, en medio de la campaña electoral en la que promociona las listas encabezadas por el decano Beltrán y por el profesor López Roca, crear la falsa sensación de que ha rendido por fin las cuentas, sin ser ello cierto.

El rector ha publicado un bello álbum fotográfico con datos un tanto desarticulados, con tono triunfalista y acrítico, sin reflexiones sobre la vida académica de la universidad, pero en el que cobra, como si fueran su logro personal, el simple cumplimiento de requisitos legales para las entidades acreditadas y las virtudes del potencial humano, académico y económico del Externado, pilares en los que esta administración se respalda para tratar de superar todos estos años de mala gestión. Siguen pues, en deuda, el rector Henao, la secretaría general y todos y cada uno de sus decanos.

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