• 2020-11-30
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De perseguidos y perseguidores

He sufrido una atroz persecución política orquestada por una poderosa familia cuya intemperancia la ha convertido en odiosa militante de las causas violentas e injustas, de la injuria y la calumnia, a las que se han sumado el actual gobierno y el Fiscal General de la Nación.

Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

La historia del Externado no se ha tejido gracias al esfuerzo de una sola persona, tampoco de una única familia. La universidad de hoy es hija del trabajo de quienes nos precedieron y del propio que muchos hemos entregado por varios años. A pesar de ese esfuerzo colectivo, por lo general un externadista promedio no sabe lo que representaron para el país la vida y obra del primer rector Don Nicolás Pinzón Warlosten y del restaurador del Externado Doctor Diego Mendoza Pérez. Salvo dos estatuas en honor de estos prohombres, ambos hacen parte de un pasado que jamás se consulta, porque los tiempos que corren no están hechos para rememorar la valentía y arrojo de estos verdaderos padres fundadores del Externado.

De Don Nicolás Pinzón, primer rector, todavía se discute si fue o no envenenado, rumor que circuló en su momento, el más duro de la regeneración conservadora, cuando el Externado y sus autoridades no disfrutaban ni se arrodillaban al poder ni andaban engolosinados con los negocios. Pero la figura que suscita hoy mi interés es el doctor Diego Mendoza Pérez, quien reabrió el Externado y fue su rector de 1918 hasta su muerte en 1933, año desde el que la familia Hinestrosa gobierna la universidad, inclusive los 9 años perdidos de su albacea Juan Carlos Henao.

Me detengo especialmente en el nombre cimero del doctor Diego Mendoza Pérez, porque fue objeto de persecución política cuando en plena dictadura de Rafael Reyes, este con su ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Cortés, pretendieron apropiarse del faro de Colón, hecho que denunciado por Mendoza en carta del 2 de julio de 1906 le significó que el gobierno lo acusara del delito de traición a la patria y ordenara su detención. Mendoza era Ministro Plenipotenciario en Estados Unidos a donde había sido enviado con la idea de negociar con ese país la deuda derivada de la pérdida de Panamá, pero se tropezó con este episodio de indelicadeza mayúscula que divulgó en esa memorable carta, y el gobierno conservador en un acto arbitrario, sin haber oído ni vencido en juicio a Mendoza Pérez, lo condenó por el delito de traición a la patria. Ese atropello implicó que quien después sería el reanudador del Externado y su tercer rector -el segundo fue el expresidente Santiago Pérez Manosalva entre 1892 y 1893- tuviera que exiliarse por cinco años, primero en Estados Unidos y luego en España, hasta que caída la dictadura de Reyes vino otro gobierno que, ante la presión de la opinión pública, tuvo que rehabilitar a Mendoza Pérez y restablecerle el honor ultrajado.

Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Regresado del exilio Mendoza Pérez fue representante a la Cámara y más tarde rector del Externado desde 1918 hasta 1933, cuando se produjo su muerte. Fue un perseguido político, condenado sin haberle permitido ser oído y vencido en juicio, y se libró de purgar prisión porque cuando se produjo su condena estaba en Estados Unidos donde se desempeñaba como ministro de la delegación colombiana y pudo acogerse al exilio.

La dignidad y el decoro de Mendoza no se alimentó de tribunales arbitrales ni de asesorías a ningún gobierno, menos de la calculada propaganda oficialista, sino de un detalle que hizo historia y que es importante recordar. En efecto, los jefes Liberales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera consiguieron que en el congreso se aprobara un indulto para Mendoza, quien no lo aceptó por una razón tan poderosa como enhiesta. Dijo con la fuerza de su carácter que no podía aceptar ese indulto, porque de hacerlo ello implicaba reconocer la falta que jamás había cometido, y prefirió seguir padeciendo las penalidades propias del destierro al que se vio sometido por cinco largos años con su esposa.

Ese fue el tercer rector del Externado, quien llegó a dirigir la universidad a la que le entregó el resto de su existencia. Llegó a esa dignidad ungido por el prestigio que solo son capaces de construir los guerreros que han de enfrentar la persecución política con las armas del decoro y la resistencia. Cuando Mendoza regresó al país y fue recibido en Puerto Colombia con alborozo nacional y años más tarde se posesionó como rector del Externado, dejó escrita una página imborrable que, en lo personal, siempre me resulta ejemplificante.

Y aquí pido licencia no para compararme con don Diego Mendoza Pérez -porque eso sería hacer el ridículo- sino para señalar que igual que al noble maestro también he sufrido una atroz persecución política orquestada por una poderosa familia cuya intemperancia la ha convertido en odiosa militante de las causas violentas e injustas, de la injuria y la calumnia, a las que se han sumado el actual gobierno y el Fiscal General de la Nación, y por esa razón comprendo cabalmente su tragedia, porque no hay una superior a la de tener que padecer la vejación y el odio oficiales. El Externado de los inicios del siglo pasado acogió, como tenía que hacerlo a Mendoza, luego de ese duro periplo de padecer persecución. Eran otros tiempos y otros hombres y mujeres, que entonces no se solazaban con comentarios ruines y canallas contra el perseguido ni aplaudían la ´persecución oficial, sino que abrieron las puertas de la universidad a quien le había dado al país prueba de su templanza, para que su prestigio personal se pusiera a su servicio hasta el día en que murió siendo rector y luego de que sus contemporáneos y los externadistas lo redimieran de la infamia de convertirlo en delincuente, con la que el dictador Reyes marchó para siempre su nombre en la historia.

Diego Mendoza Pérez, sobrino de los radicales Santiago y Felipe Pérez, debería ser recordado en los pasillos y salones del Externado como ejemplo de pulcritud y reciedumbre ante la adversidad derivada del arrojo de enfrentarse a un gobierno totalitario y perseguidor. Si los dirigentes de hoy no conocen o han olvidado el valor de enfrentar la persecución política, al extremo de entusiasmarse con la funesta noticia de que uno de los suyos está siendo perseguido arbitrariamente -como en mi caso ha ocurrido con los inquilinos del nefasto quinto piso del Externado-, por lo menos hay que volver los ojos a la historia de Don Diego Mendoza Pérez, para que el mezquino polvo del olvido no sepulte el valor del que carecen esos pregoneros del odio y de la mediocridad que han llevado el Externado al dudoso sitio donde hoy se encuentra.

2 opiniones en “De perseguidos y perseguidores

  1. De este gobierno puede esperarse cualquier cosa. Pero creo que la verdad verá la luz tarde o temprano. Mientras, le deseo suerte y templanza para resistir esto embates.
    Aunque no signifique mayor cosa, quiero decirle que reconozco en usted a una persona brillante, honesta, excelente profesional y un profesor que deja huella en sus alumnos . Cuanta falta hace profesionales de su talante y de su talento.

  2. Dr Bejarano, su postura enérgica es destacada y se la valoró en la política colombiana, pero debo decirle que después de Diego Mendoza vino Ricardo Hinestrosa Daza y Fernando Hinestrosa forero, no borre de tajo eso y diga de frente que se trata de la familia Hinestrosa.
    Me decepciono porque hubiese querido estas publicaciones del radical en los años 80, 90 y ss estando Fernando Hinestrosa en plena rectoría.
    No se atrevió , me le quitó el sombrero a usted en su postura ante uribe pero aquí fue un cobarde.
    Nunca olvidare al rector Hinestrosa repetir “ en estas épocas donde todo pasa y es efímero, el externado ha tenido 5 rectores no más y esa estabilidad y continuidad es uno de nuestros mayores virtudes” y nunca lo vi levantar la mano frente a eso.
    Pobre el viejo Hinestrosa murió equivocado pensando que haber durado casi 50 años era algo se iba a reconocer y nunca se imaginó que detestaban que cada año continuara.

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