• 2020-10-20
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Con el sello de Henao y la guardiana

No se le pueden pedir peras al olmo, dice el refranero popular. No hay garantías en las elecciones del 30 de septiembre. Sin embargo, en temas electorales, nada está escrito. Ojalá las listas independientes den el palo.

Por: Juan Pablo Estrada.
Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

Veinticinco años después de lo previsto se va a renovar el consejo directivo. La comunidad externadista esperó con excesiva paciencia. Tuvieron que pasar muchas cosas y más de un año de reclamos fundados desde las tribunas de EL RADICAL para que Henao, con el permiso de los “guardianes de la heredad”, se atreviera a convocar las elecciones.

El esfuerzo de tantos por lograr espacios de democracia y debate debería ser motivo de regocijo. Lamentablemente, Henao que, como dicen en España los contradictores del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), solo acierta cuando rectifica, no logró hacer un proceso que convenza.

La victoria casi segura de las listas oficiales la van a lograr a punta de marullas, maniobras e intrigas. Son los rezagos de una dictadura blanda de casi cuarenta y cinco años que ha lesionado para siempre al Externado. Solo los Castro, en Cuba, han estado el mismo tiempo en el poder.

Juan Pablo Estrada, profesor de la Universidad Externado de Colombia.

En efecto, ¿qué necesidad había de que la responsable del proceso electoral fuera la Doctora Martha Hinestrosa, poderosa Secretaria General, que no dicta clase y no ha hecho un memorial en su vida, cuando tiene tantos intereses en juego? ¿Qué necesidad había de inventarse reglamentos y criterios a punta de gimnasia interpretativa de los estatutos? ¿Qué necesidad había de insistir en votaciones virtuales cuando Bogotá funciona con normalidad? ¿Qué necesidad había de andar llamando a directores de departamento para que “conversen” con sus incondicionales? y ¿Qué necesidad había de pasar por encima del consejo y contratar a las volandas a los que “harán” las elecciones? Todo eso sobraba.

Pero, sobre todo sobraba el sugestivo simulacro en el que al final se concretó el mensaje para muchos “sabremos por quién votó”. Nadie votará tranquilo. Si siguen sin desmentir el interés por contratar detectives, ¿quién garantiza que el contratista de bolsillo no les pase el reporte? Ganarán, pero no van a convencer.

Muchos inconformes votarán por miedo, pensando con el estómago, porque temen que los desconecten de la sonda que los une a la tesorería del Externado, becarios, docentes de medio o tiempo completo, que tienen garantizado arrancar el mes con un saldo en la cuenta que en la calle cuesta levantar. Esos no se van arriesgar a que el software deje rastro.

No podré votar. El censo no se actualizó. He sido profesor en pregrado, posgrado y maestría desde el 2002. Este semestre regento una intensificación en quinto año y no he dejado de dictar mis clases en posgrado. Así lo acreditan las notas que he reportado, los preparatorios que he hecho, las publicaciones en las que me han invitado a participar en estos diez y ocho años. Soy orgullosamente externadista para todo, menos para elegir a mis pares en el consejo: dejo constancia de ese abuso para los fines que sea, pero sobre todo para la historia.

No se le pueden pedir peras al olmo, dice el refranero popular. Son unas elecciones con el sello de Henao y Martha, que juegan con los dados cargados. En todo caso, en temas electorales, decía mi abuelo “hasta que no se frita la última empanada no se sabe qué manteca queda”. Ojalá las listas independientes dieran el palo. Soñar no cuesta nada.

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