Columnas memorables de Juan Pablo Estrada

Columnas memorables de Juan Pablo Estrada

Habló con contundencia del “Talante Externadista” que, según su opinión, se perdió entre los profesores; hizo un recuento sobre el significado de la plazoleta en el Externado, un lugar donde se debatía de frente, sin miedo y sin tapujos; criticó a los candidatos al Consejo Directivo, quienes difícilmente resistían el escrutinio de sus ejecutorias; y finalmente analizó la frase “Diez Gatos”, con la que el Rector, de manera despectiva, se acostumbró a calificar a quienes dicen verdades incomodas para la Universidad.

Por: Juan Pablo Estrada.
Profesor de la Universidad Externado de Colombia.
Juan Pablo Estrada, profesor de la Universidad Externado de Colombia.
El talante externadista
27 de noviembre de 2018

El “Talante Externadista”, que no es otra cosa que actuar conforme el dictado de las convicciones, con libertad, sin temor, sin guardar silencio frente a lo que no nos parecía correcto. Hoy, ante la crisis de nuestra Casa de Estudios, este valor en muchos de los profesores brilla por su ausencia. ¿A qué horas el proceder de algunos está signado por el temor y por el oportunismo?  Me irrita oír de colegas y amigos la frase “yo no estoy de acuerdo con eso, pero para qué meterse en líos” o “a mí me han tratado muy bien y yo no pateo a lonchera”. No, esos no son los valores con lo que nos formaron.

Añorando la plazoleta
21 de enero de 2019
En este lugar debatíamos, de frente y sin tapujos, acerca de la Universidad. Allí se criticaban decisiones, se cocinaban candidaturas de los estudiantes que aspiraban al Consejo Directivo, se daba cuenta de profesores mediocres, se saludaba con respeto a los maestros y se medía la temperatura de todos los temas que interesaban al estudiantado. Hoy, ante la ausencia de ese espacio físico, los estudiantes, con contadas excepciones, se muestran apáticos y desentendidos de lo que pasa en su Externado. Viven de afán, comparten poco y debaten menos.
Pedestales inmerecidos
2 de mayo de 2019
Atención a los candidatos al Consejo Directivo del Externado, varios posan de buenos, aunque tienen dudosa ortografía y no aguantan el escrutinio juicioso de sus ejecutorias. Ahora que habrá aspirantes –impuestos y espontáneos– tenemos que abrir el ojo a esos personajes que con un soplido suave pueden irse de bruces, pues tienen largo rabo de paja. De esos no queremos en el Consejo Directivo, ni menos en la Rectoría de nuestro Externado.
Es la hora de reivindicar el disenso
26 de mayo de 2019
Las diferencias y los desacuerdos en el Externado deberían promover nuevas ideas de progreso y no alimentar más el aislamiento y el autoritarismo. Hoy, cuando El Radical ya no es una quimera sino una realidad, como lo confirman las visitas a la página de nuestra sexta edición –3.500 lectores en una comunidad estimada de 14.000 estudiantes–, corrobora que los externadistas tienen un “taco en la garganta” pero que no se atreven a sacar. ¿Extravió nuestra comunidad el talante al que tantas veces aludió el Doctor Fernando Hinestrosa? Pareciera que muchos están presos de esa relación Externado–estómago, pensando solo en ellos, en su zona de confort.
“Diez gatos”
29 de julio de 2019

Así nos llama el Rector del Externado a quienes decimos verdades incomodas para la Universidad. Su frase “la rectoría es de puertas abiertas, respeta, tolera y promueve la crítica respetuosa”, no tengo duda que es su premisa, pero de labios para afuera. Aclaro, la rectoría sí tiene las puertas abiertas, pero para los áulicos y aplaudidores, a quienes la lagartería los ha llevado a anunciarse, abusivamente y desmentidos ya, como “voceros del Rector”. “Diez gatos” es una frase despectiva, típica de su convencimiento arrogante que lo resume todo. Desconoce que también es una forma de corrupción, ignorar, minimizar o ridiculizar a los contrarios para continuar ejerciendo un poder ilimitado y arbitrario. El Rector olvida que muchos callan para mantener privilegios y que otros hablan, pero no de frente, y que pocos decimos las cosas mirando a los ojos o firmando con nombre y apellido, porque nuestro estómago no está conectado a la sonda inagotable de la pagaduría del Externado.

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