• 2021-09-20
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Cambio rectoral en medio de las protestas

La convulsionada agenda social de estos días es aleccionadora para la Universidad Externado. Se alumbran tiempos distintos.

Por: Néstor Osuna.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Coincidió la inauguración del período del Profesor Hernando Parra como rector del Externado con el estallido social colombiano de las semanas recientes. Esa situación no prevista permitió apreciar la pujanza de la comunidad universitaria que, sobre la marcha, ha venido organizando mesas de trabajo, “webinars”, sesiones de capacitación, tertulias, eventos todos enfocados a la tarea de descifrar las causas próximas y remotas de los acontecimientos, y también a construir soluciones -o al menos principios de soluciones-, para intentar remediar los graves problemas acumulados que han salido a las calles con tanto dramatismo en los días recientes.

También ha sido notable la organización muy rápida de mecanismos de apoyo, cuidado y protección hacia las personas que han participado en las protestas callejeras. Fui testigo de cómo en unas pocas horas, por una iniciativa estudiantil que recogió de inmediato un buen sector del cuerpo docente, se organizó un servicio de asesoría jurídica para quien pudiera necesitarlo, así como de asistencia psicológica y médica de emergencia, y de cómo, con un par de mensajes de alerta, se organizó un refugio nocturno en el campus de la Universidad para que pudieran pasar la noche quienes habían quedado atrapados en el centro de la ciudad al comenzar un toque de queda en medio de las manifestaciones. Supe de docentes que infringieron esas normas de encierro para recoger estudiantes en las calles y llevarlos a sus casas, y de estudiantes que ofrecieron sus viviendas para alojar provisionalmente compañeros.

Hay una comunidad externadista muy activa, solidaria, que ejerce la academia y la ciudadanía en todo momento, y que -¡vaya sorpresa!- actúa eficazmente si no se tiene que someter a las trabas de la burocracia universitaria que ahogaba toda iniciativa con sus tiempos muertos, su tendencia al maltrato a la inteligencia, sus draconianas imposiciones financieras y su cadena insensata de trámites y formalidades sin fin.

Néstor Osuna, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Es deseable que las protestas de estas semanas le dejen importantes lecciones a la sociedad y que a partir de ese clamor puedan comenzar a solucionarse los problemas tan agudos de pobreza y de injusticia en la distribución de la riqueza nacional que hemos padecido siempre, abonados por esa mala mezcla de racismo, clasismo e intolerancia que también nos ha caracterizado como colombianos, y por unas élites políticas siempre más cercanas a las estrategias de la represión y el autoritarismo que a la concertación de unas políticas públicas que permiten construir una sociedad más decente y civilizada.

Para la Universidad, la lección es clarísima: dentro de la comunidad universitaria tenemos un equipo humano que parece dispuesto a ocupar un papel clave y de vanguardia en la construcción de soluciones a nuestros problemas colectivos. Un grupo de personas que ha estado ahí, haciendo academia a veces de modo discreto y rodeada de incomprensiones, pero que no ha abandonado su convicción de que la educación es una herramienta poderosa para transformar a las sociedades, y que esa educación, si además es rigurosa, laica, respetuosa de los derechos humanos y enfocada hacia las ciencias sociales, es ya no sólo una herramienta sino un modo de vida volcado hacia el progreso, la fraternidad y la emancipación humana.

Varios analistas de la vida nacional han señalado en estos días el papel que pueden asumir las universidades ante esta manifestación de crisis nacional. Nuestras gentes en el Externado parecen dispuestas a pensar, oír, deliberar y así discernir sobre posibles salidas a esta encrucijada, y a hacerlo con el rigor propio de la academia, con talante solidario y con toda nuestra inteligencia y fuerza de trabajo puestas a disposición de la sociedad. Las universidades son un foro privilegiado para ello, por su distancia frente a los partidos políticos, gremios, grupos de presión y diferentes ámbitos de autoridad. Colombia no puede desperdiciar la contribución de sus centros de pensamiento y el Externado, dentro de ellos, debe propiciar, con sus mesas de trabajo temáticas y sus laboratorios de pensamiento, la construcción de una nueva articulación de la vida nacional.

De modo simultáneo, el actual gobierno del Externado está empeñado en la modernización de la institución: nuevo estatuto docente, reformas curriculares, políticas claras de investigación y administración al servicio de la docencia. Todo lo que ha ocurrido en estas semanas convulsas hace ver que se trata de reformas inaplazables y necesarias para encauzar del mejor modo ese torrente intelectual que siempre había estado ahí y que de modo súbito ha salido a la luz.

Coda. EL RADICAL es un periódico independiente y crítico que habrá de tener larga vida, para beneficio de la comunidad universitaria colombiana y en especial para la del Externado. Es cierto que nació en una difícil coyuntura de estancamiento y de cierre de espacios democráticos en el Externado, y que se consolidó como la voz disidente de esos años perdidos, pero su objetivo va más allá de esa situación superada. A mis amigos y colegas de EL RADICAL, les agradezco su persistencia en esta quijotada, y sé que los lectores entenderán que las responsabilidades que decidí aceptar en la gestión académica de la Universidad, bajo la orientación del rector Hernando Parra, aconsejaban que me retirara de la dirección y del comité editorial del periódico. Conservaré, mientras me sea posible, esta columna con la que estoy francamente encariñado.

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