“Verdades incómodas”

“Verdades incómodas”

El Externado debería tomar ejemplo de su par de los Andes. Su nuevo Rector, invitó a la comunidad a decir lo que piensa sin miedo a hostiles represarías. La valía de estas verdades contribuye al necesario debate universitario.

Por: Hernando Parra.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Con ocasión de la reciente elección de Rector en la Universidad de los Andes, como conclusión de un ejemplar proceso –en nada parecido al adoptado por el Externado para el mismo propósito–, el elegido optó por agradecer a sus electores por medio de un video difundido en la redes sociales, donde además explicó su visión de la Universidad, cuyo aparte más relevante, a mi juicio, fue el relativo a su interés por inspirar una institución “donde se puedan pronunciar verdades incómodas…”

Con toda seguridad, el nuevo Rector debió referirse por esas verdades a aquellas que deben ser puestas de manifiesto en tanto no resultan compartidas por todos, irritan a algunos, interfieren con los intereses de otros, o simplemente resultan inconvenientes para muchos, pero no para todos.

Hernando Parra, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Precisamente, la valía de estas verdades radica en el hecho de que son ellas las que están llamadas a contribuir en el ejercicio abierto del encuentro universitario, a la formación de opinión, a la promoción de la investigación y la exhortación a estudiantes y profesores a tomar el camino de la búsqueda de soluciones a las problemáticas de la sociedad colombiana, pero primeramente de la propia Universidad.

Tomadas estas inspiradoras palabras acerca de las verdades incómodas para traerlas al contexto del Externado, encontramos un sinnúmero de ellas que permanecen sin revelación, y que por ende configuran una fuente de ruptura y desintegración en la comunidad externadista.

En efecto, sin pretender abarcarlas todas, y bajo el riesgo de caer en lugares comunes, son muchas las respuestas que en rigor de la verdad se aguardan hace tiempo –y sobre las cuales El Radical viene pronunciándose desde su primera edición– cuyo conocimiento arrojaría algún destello sobre el porvenir de nuestra institución. No está de más esperar, por ejemplo, que se nos explique el porqué de la burda extensión del periodo de los profesores representantes en el Consejo Directivo, lo cual ha llevado a que este órgano de dirección sea apreciado hoy como un cuerpo atrincherado, que por carecer de iniciativas obra como mero espectador, pero además sometido al capricho del régimen.

Otra revelación de las tantas que se anhelan conocer, es la relativa al motivo por el cual se sigue incumpliendo la obligación de expedir el estatuto docente, exigido por ley para aspirar a la acreditación institucional o programática. La comunidad de profesores no puede continuar ignorando el reglamento de su carrera, los criterios diferenciadores entre docentes propiamente dichos y docentes investigadores, los requisitos de promoción, los concursos para ocupar nuevos cargos, y ante todo las políticas de remuneración, para evitar que éstas se sigan determinando sólo en función de ofrecer canonjías, despertar simpatías y fomentar clientelismos dirigidos a las próximas elecciones.

La ausencia de esta reglamentación, entre otros efectos, está impidiendo actualmente que destacados profesores de la Facultad de Ciencias Sociales puedan aspirar legítimamente y en aplicación de un esquema de ascenso, a ocupar la decanatura, todo lo cual crea, además de muchos desestímulos, innecesarias interinidades que pueden terminar por afectar tan sobresaliente Facultad.

Tampoco puede marginarse del empeño porque se revelen verdades incomodas, aquella relacionada con el real interés por corporativizar el Externado, mediante la inclusión de miembros externos en el Consejo Directivo, los cuales serian designados en aplicación del mecanismo de la cooptación. Esta intención no puede materializarse, pues resquebrajaría de un solo tajo el principio fundante de la independencia, sobre el que se edificó el primer Externado, y merced al cual nuestra querida Casa de Estudios se ha consolidado únicamente como referente académico por antonomasia, alejada de nocivas influencias políticas, empresariales  o gremiales.

Encarar estas verdades incómodas, y otras tantas como la que sirve de motivo para que la administración continúe absteniéndose de rendir cuentas detalladas y precisas sobre el resultado de su  gestión, podría erigirse en una oportunidad para superar fracturas, mediante un llamado a construir en conjunto una universidad, como aquella que mencionó el recién nombrado Rector Gaviria, donde “quepan todas las ideas y donde exista un diálogo permanente sobre las diferentes visiones con todos los actores”.

Adenda: El sistema electoral para la esperada elección de quienes llevarán la vocería de los profesores ante el Consejo Directivo, debe estructurarse por el sistema de listas, única forma de asegurar la adecuada representación de las facultades con menor número de docentes, con quienes, en términos de la directora del Departamento de Derecho Constitucional que comparto plenamente, la Universidad tiene una deuda histórica.

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