¿Por qué el Externado ha perdido el liderazgo en los exámenes de Estado?

¿Por qué el Externado ha perdido el liderazgo en los exámenes de Estado?

La desactualización de sus programas, junto con la falta de preparación de los estudiantes para realizar estas pruebas, ha llevado a que la Universidad pierda posiciones de prestigio en los rankings académicos.

Por: Hernando Parra.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

La búsqueda de un indicador de calidad en la educación ha sido una constante preocupación de los diseñadores de las políticas públicas, no solo respecto de la educación media sino también de la educación universitaria. Para el caso de esta última, en 2003 y por medio del Decreto 1781 de entonces, se regularon los Exámenes de Calidad de la Educación Superior–ECAES, como prueba académica oficial y obligatoria, cuyo objetivo fue, por un lado, comprobar las competencias de los estudiantes en las áreas de su formación y, por otro, crear un sistema progresivo de evaluación de las entidades prestadoras del servicio educativo, tanto públicas como privadas.

En marcha estas nuevas pruebas, las facultades de Derecho, junto con las de Ciencias de la Salud e Ingenierías, configuraron los primeros grupos llamados a atenderlas, en aplicación de un sistema piloto para su primera fase de ejecución. Así pues, el Externado de Colombia, consciente de su liderazgo y reconocimiento en el país, aceptó el reto y se inscribió para el primer ejercicio, propósito en el cual lo acompañaron algunas otras importantes instituciones educativas.

Hernando Parra, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Admitida entonces su participación, nuestra Casa de Estudios asumió este desafío con el rigor y seriedad que le eran característicos para entonces, y fue así como se conformó de manera inmediata un grupo interdisciplinario de profesores que elaboraron bancos de preguntas, organizaron jornadas de repaso académico en áreas esenciales y buscaron el respaldó de expertos en la metodología de las pruebas, de manera tal que los estudiantes recibieron también una instrucción preparatoria en la técnica de los nuevos exámenes, todo con miras a asegurar un destacado desempeño que ratificara la alta calidad de los estudios en el Externado.

El primer resultado fue altamente satisfactorio, pues la Facultad de Derecho del Externado se ubicó a la vanguardia de las de su misma clase en el país, y por buenos años se mantuvo entre el primero y tercer puesto, para el orgullo de toda la institución.

Estas mismas pruebas, que ahora se denominan Saber Pro, reguladas por el Decreto 3963 de 2009, tienen idénticos objetivos, y por ellos su resultado debe ser divulgado periódicamente, habiéndose conocido su más reciente reporte de mayo, en el cual apreciamos un resultado que ciertamente ha generado justificado desconcierto, en cuanto al Externado se refiere.

En efecto, en la página de prensa del Ministerio de Educación Nacional, se anunció el pasado 30 de mayo, el grupo de las 10 universidades líderes en 2019, por haber obtenido los más altos resultados en las pruebas Saber Pro, en las áreas de administración, economía, ingeniería, derecho, contaduría y ciencias naturales, grupo en el cual el ilustre ausente fue el Externado.

Pero si lo anterior no fuese suficiente motivo de inquietud, al revisar la ubicación de la Facultad de Derecho del Externado, como producto de las mismas pruebas, la encontramos en un sexto lugar, muy distante de aquellos puestos que tradicionalmente se esforzó por ocupar. ¿Qué ha sucedido entonces? ¿Cuál es la razón de este notorio descenso en estas pruebas de Estado?

La respuesta a los interrogantes anteriores no puede ser la de encogimiento de hombros, respaldada solamente en el supuesto “continuismo ascendente”, que una realidad como esta desvirtúa categóricamente. La razón de lo ocurrido, entre otros factores, se encuentra en el abandono del rigor en la preparación de estas pruebas, pero también -y esencialmente- en el hecho de haber dejado de lado el afán por actualizar los programas académicos y ajustarlos a las nuevas tendencias pedagógicas, a las estructuras de aprendizaje propias del estudiantado de hoy y al menosprecio por valorar las competencias que se reclaman de los profesionales en la actualidad.

Lo que se predica acerca del programa de Derecho puede aplicarse igualmente a las demás facultades. Ahora bien, lo cierto es que en el caso específico de la Facultad de Derecho se nos hizo tarde para renovar el pensum y hemos hecho caso omiso del llamado de los estudiantes y profesores que reclaman atención a esta necesidad. El Rector, quien ha debido ponerse en frente de esa iniciativa hace años, optó por abandonar la exclusividad que el cargo le imponía, y por dedicarse al protagonismo en tareas extrauniversitarias que no le eran propias, desatendió labores prioritarias como esta.

No podemos desconocer, además, que los sistemas educativos están en continua trasformación a nivel mundial, y de allí la necesidad imperiosa de que los programas del Externado no queden rezagados, por lo cual el llamado debe ser tanto a profesores como a estudiantes; a los primeros para exhortarlos, no solo a su actualización científica con el apoyo institucional, sino también a su renovación en las técnicas y tecnologías de la pedagogía; y a los últimos para que exijan una formación en las capacidades que de ellos espera la sociedad contemporánea.

Marginarnos de los anteriores postulados puede conducirnos a un mayor descenso en el llamado ranking universitario y también por facultades.

Ojalá las directivas de la Universidad tengan la grandeza de convocar a un trabajo conjunto ante la coyuntura descrita, antes de que nos desplacen tendencias innovadoras como la de las instituciones educativas sin profesores y sin libros, para cuya simple referencia basta con acercarse a la famosa École 42.

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