La tolerancia en el Externado

La tolerancia en el Externado

Esta solo se quedó en los libros que narran la historia de la Universidad o en los discursos en los que se pregona pero no se ejerce.

Por: Hernando Parra.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Uno de los principios fundantes de nuestra Casa de Estudios fue precisamente el de la tolerancia, entendida ésta como la actitud humana frente a las ideas u opiniones divergentes. Lo anterior sucedió  por cuando el primer Externado revivió los valores que los radicales consagraron en la reforma educativa promovida por ellos en 1870, tal y como nos lo recuerda el historiador Juan Camilo Rodríguez en  “La Luz no se Extingue”[1] .

La tolerancia permitió entonces que profesores de diversas corrientes de pensamiento, y disimiles en su origen y formación,  concurrieran entusiastas a la fundación del Externado y,  lo más importante, que ellos mismos promovieran un ambiente de mutuo respeto entre estudiantes de ideologías contrarias[2].

La historia del Externado ha sido bien fecunda en ejemplos de tolerancia, no solo por haber dado cobijo a los docentes que profesaban las más diversas doctrinas,  a quienes nunca se les ha restringido su libertad de expresión, sino, en esencia, por permitir a sus estudiantes manifestar abiertamente sus opiniones, e inculcarles al mismo tiempo la consideración por la perspectiva del oponente.

Hernando Parra, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Sin embargo, y con evidente desapego de una tradición más que centenaria, se han venido conformando en los tiempos recientes pequeñas corrientes refractarias a otras voces que dentro de la Universidad se separan del llamado al bien decir, que es decir bien de todo lo que vincule  a  la actual administración de la Universidad. En efecto, expresiones tendientes a promover la invitación a una debida rendición de cuentas, o a la publicidad de los actos de la administración, o a la renovación de los cuadros directivos, o la exteriorización de ilusiones porque   nuestra apreciada institución se encamine por derroteros más democráticos con miras a asegurar su permanencia y a reafirmar su prestigio, reciben discreto apoyo y solidaridad, pero con mayor resonancia, censura y descalificación, actos que siempre cierran con la manida frase según la cual, “los opositores quieren acabar con la Universidad”.

Una muestra de las últimas manifestaciones de intolerancia la advertimos en la reunión del Consejo de Profesores llevada a cabo el pasado 17 de septiembre, donde algunos docentes optaron por abandonar abruptamente el recinto, bien porque les fueron controvertidos sus planteamientos, o porque no les fue otorgado  el uso de la palabra, y no pocos porque simplemente consideraron que era inútil esa y todas las demás reuniones del cuerpo docente, por cuanto allí se expresan opiniones de toda índole.

Ante estos conatos de ausencia de tolerancia, como principio y actitud, no tenemos camino distinto al de recuperar su ejercicio, desde  el sentido más prístino de la palabra: no agredir al otro por su pensamiento opuesto al propio; sólo así podremos construir consenso sobre el disenso, pero ante todo reconocer en el otro, en el disidente, no a un adversario, sino un asociado en el propósito común de elevar la condición de nuestra Universidad, al  garantizar el pluralismo como sustento del ejercicio transparente de todas sus actividades.

Ejercer la tolerancia no es fácil, sencillo resulta predicarla sin aplicarla. Es una tarea en la que estamos llamados a inspirar un ejemplo ante los estudiantes del Externado.

[1] Rodríguez Gómez, Juan Camilo. “La luz no se Extingue”.  Universidad Externado de Colombia,  Primera Edición 2018, pág. 21.

[2] Rodríguez Gómez, Juan Camilo. Ob. citada, pág. 20.

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