¿Espacios para la libertad en el Externado?

¿Espacios para la libertad en el Extenado?

No hay mayor falacia que este ambiguo lema, que con el paso del tiempo se volvió la mayor contradicción en la Universidad.

Por: David Orlando Mesa.
Estudiante de la Universidad Externado de Colombia.

Un recuerdo importante de cuando apenas ingresaba a la Universidad fue la inauguración de los edificios H e I, pero más allá de una bien lograda obra arquitectónica, me llamó la atención el discurso del rector Henao y su lema de “espacios para la libertad”, que enarbolaba ese espíritu liberal del Externado. Para mí, la magnánima obra arquitectónica de los nuevos edificios, aunada a las palabras que revivían la lucha de la institución contra las injusticias conservadoras, suscitaba un discurso poderosísimo que llenaba el orgullo externadista.

Pero la desilusión se da un año después, cuando me fijé que las palabras a veces contradicen a las acciones con una situación bastante anecdótica que me permitiré traer a colación.

Antes que nada, quiero acotar que esto no es ningún “berrinche”, es una reflexión de lo mucho que se habla de “espacios para la libertad” y de lo poco que se practica. Para este segundo semestre, nuestro grupo fue reubicado a un salón bastante precario, lo cual no sólo coarta condiciones necesarias para el proceso de aprendizaje y la interacción docente-estudiante, sino que también cuenta con grandes problemas de sanidad y seguridad, pues el espacio es tan reducido que en caso de un siniestro no habría lugar a una adecuada evacuación y los virus se propagan con bastante facilidad y rapidez entre las personas, de hecho algunos de los catedráticos se pronunciaron expresando el respectivo malestar.

¿El argumento? Que un profesor (que, a propósito, no nos dictará clase hasta el segundo corte) tiene problemas de movilidad, situación que es de lo más comprensible, lo que parece irrazonable es que nos hayan trasladado a inicio de semestre y de forma permanente para una materia cuya intensidad horaria es de 3 horas por semana.

Los estudiantes no nos limitamos a manifestar el descontento, pasando de forma adecuada por el conducto regular, sino que propusimos soluciones, de manera que todas las partes llegáramos a un punto de bienestar aceptable, el proceso esclareció algo que nunca se nos quiso sostener de frente: el problema no eran los inconvenientes de movilidad de nuestro docente, eso sólo fue un pretexto, el verdadero inconveniente es que la planta física resultó incapaz para albergarnos de forma óptima, nos dimos cuenta de que nuestra antigua aula ya fue ocupada por otro grupo, que, como se nos revelaría, es más grande que nosotros, dicho de forma mucho más coloquial “no hubo cama para tanta gente” y alguien tenía que soportar dicha carga, en este caso fuimos nosotros.

Mi punto en esta anécdota es que todavía retumba, con fines comerciales, ese lema de “espacios para la libertad”, de lo que podemos decir que la libertad no sólo es un valor incorpóreo, sino que es un valor que también se refleja en las situaciones más cotidianas y físicas, un valor que, se supone, una universidad como la nuestra debería salvaguardar, pero como se evidenció en este caso, el Externado nos ató a un ambiente precario para la educación, nos encadenó en un espacio inseguro e insalubre, en fin, se nos sometió a seguir las decisiones arbitrarias y lesivas de la administración.

Recientemente se nos abrió un pequeño destello de esperanza para tener mejores condiciones, pero a la larga, no son más que promesas que aún están en el aire y buscan apaciguar el descontento.

Amanecerá y veremos: post tenebras spero lucem.

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