Docencia y Doctorado

Docencia y Doctorado

Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.

Colciencias ha contribuido a mejorar algunos aspectos de la educación, principalmente la universitaria, pero también es fuente de decisiones bastante recias, que no siempre garantizan buenos resultados.

Por ejemplo, la elaboración de artículos de revistas especializadas son sometidos a unas ritualidades que no siempre se advierten sensatas y productivas. La exigencia del número de hojas o caracteres de cada artículo para poder clasificar en esa competencia que hoy trasnocha a muchos académicos urgidos de puntajes, como también la del número obligatorio de citas de pies de página, no son necesariamente satisfactorias.

¿Es mejor un artículo en función de su extensión y del número de libros consultados por el autor? Tengo probadas dudas de que eso sea así. Cada vez es más frecuente aproximarse a artículos cuidadosamente elaborados en los que no se aprecia en últimas qué quiso expresar el autor, porque su criterio o sus hallazgos quedan extraviados en la copiosa invocación de textos consultados, a la cual hay que rendirle odioso culto para merecer la acogida universitaria.  Por ese camino, se le cumple más a las formas que al contenido.

Otro tanto ocurre con el papel de los Doctores en la docencia. Nadie discute la preparación de quien ha obtenido ese grado, en especial en los vericuetos temáticos de su tesis doctoral.  No hay nadie que sepa más sobre un tema que el Doctor que ha escrito su tesis sobre el mismo. Pero una cosa es la investigación y otra la docencia, y ello parece no tenerlo claro Colciencias al diseñar una lánguida competencia que está deteriorando la educación que reciben los estudiantes.

La ecuación que dice “De que quien es Doctor es un magnífico docente”, ni es cierta, ni está bien diseñada. Abundan los reparos de alumnos inconformes con las clases regentadas por encumbrados Doctores que, sacados de sus temas doctorales, a la hora de transmitir sus conocimientos se ofrecen inseguros, confusos y caóticos. Eso no pone en duda su profesionalismo, sino su competencia como docente, en lo que no hay censura alguna, porque ser profesor demanda conocimiento, experiencia, capacidad de comunicar y saber moverse en los escenarios académicos. El maestro sabe que luego de cada clase el éxito consiste en que sus alumnos hayan aprendido algo de lo que se expuso o comentó.

Está bien que en una Universidad crezca el número de Doctores. Eso no está en duda, pero es necesario conciliar esa aspiración con tener presente las destrezas para ser docente. Lo ideal sería que todo investigador o Doctor fuese un excelente profesor, pero como ello no siempre es así, además por insalvables limitantes humanas, es necesario que la docencia no sea mirada con desdén, porque es allí donde se construyen los prestigios sólidos, esos que resultan indestructibles a los ojos de los estudiantes severos pero justos críticos.

De otro lado, es preciso advertir que la exigencia hoy es ser Doctor, no importa cuál Universidad haya dispensado tal distinción. Los españoles, para no ir muy lejos, ofrecen en todas sus universidades doctorados en lo divino y lo humano, inclusive hacen propaganda en América para que los “sudacas” vayan a doctorarse allá, pero las élites, por lo general, no se doctoran en sus propias universidades, porque prefieren principalmente las universidades norteamericanas, como así lo comentó César García, profesor de la Universidad del Estado de Washington, en un artículo intitulado La enfermedad del clientelismo, publicado en EL PAÍS de Madrid el 28 de marzo de 2013.

Ya veremos si Colciencias, un ente respetable ascendido a Ministerio, desciende a la tierra de los mortales y en su empeño de que nuestros centros universitarios sean competitivos no se olvide de que en el origen de todos esos esfuerzos, por encima de todo, está la docencia.

Un comentario sobre “Docencia y Doctorado

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    el 22 enero, 2019 a las 7:37 pm
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    Excelente análisis del profesor Ramiro Bejarano. Doy testimonio de que el aprendizaje de materias tan áridas comovel derecho procesal, no hibiera sido posible sin las grandes condiciones de docentes que tienen maestros como Mario Fernández, Jairo Parra y el mismo Ramiro Bejarano. No puedo deir lo mismo del Dr. Fernando Hinestrosa, hombre inmensamente culto pero sin mayores destrezas como docente.

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