Democracia entre profesores

Democracia entre profesores

Las elecciones para nombrar a un nuevo Consejo Directivo en el Externado son una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar.

Por: Néstor Osuna.
Profesor ordinario de la Universidad Externado de Colombia.

Se avecinan las elecciones, tantas veces postergadas, para renovar el Consejo Directivo de nuestra Universidad Externado. Por lo que hace a la representación profesoral en el Consejo, este ejercicio, que debería formar parte de la rutina universitaria, se ha vuelto excepcional, casi que inaugural, pues hace ya más de veinte años no se convoca un certamen de este tipo.

Néstor Osuna, profesor ordinario de la Universidad Externado de Colombia.

El evento tiene además un punto de partida que no es deseable en ninguna democracia: la ausencia de reglas electorales previas, que no susciten sospechas de haber sido elaboradas ad hoc, con algún efecto distorsionador que tienda a premiar o a castigar a alguna candidatura. Ello le impone un deber especial de transparencia e imparcialidad a quienes diseñen tales reglas, de modo que el resultado de su trabajo garantice una participación amplia, en condiciones de libertad e igualdad, con reglas neutrales, suficientemente conocidas y reconocidas, que conduzcan a una genuina representación proporcional, pues sólo así el órgano resultante gozará de legitimidad institucional para asumir sus funciones.

La participación debe ser la más amplia posible. Para ello, no sólo debe garantizarse el derecho a votar con entera libertad a todo el cuerpo profesoral; también se debe permitir la presentación de candidaturas sin requisitos adicionales a la antigüedad establecida en los estatutos de la Universidad. Las reglas que establezcan restricciones o inhabilidades deben ser muy excepcionales y tener un fundamento prácticamente consensuado. De lo contrario, esas reglas tendrán que soportar tachas por excluyentes y sesgadas. Ojalá se presenten múltiples candidaturas: la riqueza intelectual de la Universidad se reflejará mejor en su órgano de gobierno mientras más abierto sea el debate.

Ese debate debe estar rodeado de garantías de libertad, deliberación suficiente, neutralidad de las autoridades e igualdad entre las candidaturas. El acceso a la información institucional para presentar las propuestas debe estar plenamente garantizado a todos, así como la posibilidad de difundir esas propuestas entre el cuerpo profesoral, sin privilegios para ninguna lista.

Por último, el resultado de la votación debe conducir a una representación proporcional que refleje, del modo más fidedigno posible, la decisión de los sufragantes. Existen múltiples sistemas conocidos de recuento de votos y asignación de escaños. Dentro de ellos, se suele reconocer que la circunscripción universal y el sistema de cociente electoral y mayor residuo contienen las reglas más neutrales de representación: son las que en mejor modo garantizan la igualdad del voto. Además, por ser reglas conocidas en nuestro país, no despiertan suspicacias de favorecimientos indebidos. Por el contrario, la creación de circunscripciones especiales, o de cuotas fijas o mínimas de representación, siempre contienen un sesgo que distorsiona la decisión democrática para favorecer o desestimular a algún grupo específico. Por tanto, esas normas especiales deben ser también muy excepcionales, suficientemente justificadas, y en verdad, resultan desaconsejables si se está ante la inmediatez de una elección determinada, que es el caso que nos ocupa.

A pesar de la fragilidad que supone la ausencia de reglas previas, tenemos una situación muy favorable para el funcionamiento de cualquier gobierno democrático: la lógica de la igualdad. Todos los profesores del Externado somos personas libres, que por igual le entregamos lo mejor de nuestras mentes a las generaciones de jóvenes que llenan nuestras aulas; entre nosotros no hay jerarquías, ni reconocemos mesías ni personalidades sobrenaturales. Somos profundamente racionales y estamos en capacidad de informarnos bien sobre lo que está en juego.

En fin, nos enfrentamos a la posibilidad de darle un ejemplo a nuestra sociedad de un ejercicio democrático de buena calidad, enaltecedor, que nos enorgullezca como colectivo y proyecte la Universidad Externado hacia lo mejor. Ojalá no lo desperdiciemos.

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