¿Con los dados cargados?

¿Con los dados cargados?

Temo que quienes emprendan la aventura independiente de participar en las elecciones al Consejo Directivo del Externado, sin el apoyo del establecimiento, puedan quemarse.

Por: Juan Pablo Estrada.
Profesor de la Universidad Externado de Colombia.

La vida ha sido generosa conmigo y por cuenta de ello he podido ejercer la docencia no solo en el Externado de mis amores sino también en otras Facultades de Derecho del país. Por eso no deja de sorprenderme que lo que en el vecindario es normal, por ejemplo en Los Andes o en El Rosario, en nuestra Universidad se haya convertido en una situación excepcional que despierta todo tipo de sentimientos.

En efecto, el anuncio de las tan esperadas y, porque no decirlo, inéditas para varias generaciones, elecciones del Consejo Directivo que en algo nos devuelve la fe a los que creemos en los valores y principios fundacionales del Externado, generan válidas inquietudes que, como ya es costumbre, se comentan en privado y se callan en público.

Convocar el certamen más importante de nuestra democracia universitaria debería dar lugar a la expresión libre de las distintas corrientes de pensamiento que habitan en nuestras centenarias aulas y permitir la postulación de aspirantes que con compromiso y rectitud quieran servir a la institución, mantener lo que está bien y corregir el rumbo en asuntos en los que indiscutiblemente se ha extraviado. Pero, lamentablemente, no parece que ello vaya o pueda ser así. El sistema electoral que aplica a esta convocatoria, a menos de que se le hagan necesarios ajustes, no da espacio para las expresiones minoritarias y allana el camino a las listas que tengan el “guiño” del establecimiento. Lo digo con la certeza que me concede haberlo padecido.

Juan Pablo Estrada, profesor de la Universidad Externado de Colombia.

Hace un par de años, ante la convocatoria a elecciones en el Consejo Directivo de la Facultad de Derecho decidí participar desoyendo las voces de muchos que de forma despectiva me señalaban que cuál era el afán de meterme “a aprobar solicitudes de revisión de exámenes” descalificando así la importancia de ese órgano de dirección de la más tradicional de las facultades. Hice la tarea y convoqué a los profesores con los que consideraba existía afinidad, me conocían y sabían de mi trayectoria profesional y académica. Algunos de los que están vinculados a la Universidad y al mismo tiempo ejercen con brillo su oficio de abogado me ofrecieron su apoyo irrestricto. Otros, de frente y sin tapujos, me expresaron no tener coincidencias y anunciaron el respaldo de otros nombres, como debe ser. Pero, tristemente, una mayoría de los docentes que abordé, que me conocen, con los que coincido en distintos escenarios y con los que debatimos amistosamente sobre diferentes temas, guardaron prudente silencio y otros, no pocos, en clara muestra de su talante vacilante, manifestaron que “ese día no estarían en la U” o que “ellos a eso no le paraban bolas”. Como era lógico, concentré mis “esfuerzos electorales” en el Departamento de Derecho Administrativo, en donde he dictado clases en pregrado y maestría de forma ininterrumpida desde el año 2004, a pesar de que los registros de Recursos Humanos digan otra cosa. También lo hice en el Departamento de Procesal, en donde tengo carga académica en posgrado y maestría desde el año 2008.

Mi sorpresa no fue menor cuando supe que en el departamento de Derecho Administrativo alguien con mucha audiencia “sugirió” que lo correcto era apoyar nombres de ese departamento y precisó que yo era un candidato de Procesal. Obviamente un comentario de esa naturaleza tiene una poderosa incidencia en quienes sienten que se lo “deben todo” a la Universidad y los que con humor vergonzante no tienen empacho en señalar que “no hay que patear la lonchera” y más si el otro candidato de Administrativo era nada más y nada menos que el Director del Departamento.

El resultado de mi experiencia electoral fueron 38 votos. Si mi memoria no me falla la más alta de un candidato por el que nadie desde el poder del establecimiento sugirió votar. 38 profesores que libres de ataduras juzgaron que podía representarlos en el órgano de dirección de la Facultad. Sin embargo, esa “inmensa minoría” parafraseando el eslogan de la querida HJCK, no tuvo representación.

Esa mañana luego del conteo de votos, mientras salía a comprar caléndula para mi primera y espero única quemada, sentí que algunos jugaron la partida con los dados cargados y ahora, de cara a esta nueva contienda temo que quienes emprendan la aventura independiente sin el apoyo del establecimiento, si las reglas no cambian, experimentarán la misma sensación. Ojalá me equivoque.

Posdata: La comunidad jurídica está de luto. La temprana partida del litigante y profesor del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, Gabriel de Vega Pinzón, nos dolió a todos. Hombre recto, impoluto, contraparte leal, juez justo, amigo de sus amigos, fue como lo dijo su hermano de la vida Alejandro Venegas, un “gladiador con o sin legión”. En el foro se extrañará por siempre al colega y al amigo.

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